Sevilla. Hay artistas que ofrecen conciertos y otros que convierten un escenario en un territorio propio. Lenny Kravitz pertenece, sin discusión, al segundo grupo. La noche del miércoles en Icónica Santalucía Sevilla Fest, la monumental Plaza de España volvió a demostrar por qué es uno de los recintos más espectaculares de Europa, acogiendo a una de las últimas grandes estrellas del rock con un lleno absoluto y una actuación que combinó elegancia, potencia y una inagotable capacidad para conectar con el público.
Ni siquiera los cerca de 39 grados que aún marcaban los termómetros cuando comenzó el espectáculo lograron restar intensidad a una velada que fue creciendo desde los primeros acordes. «¡Qué calor, mamá!», bromeó el músico estadounidense en uno de sus primeros contactos con los asistentes, arrancando las sonrisas de un público entregado desde el inicio.
Vestido con su inseparable estética rockera y acompañado por una banda de absoluta solvencia —con la excepcional Cindy Blackman al frente de la batería—, Kravitz demostró que el paso del tiempo parece no afectar ni a su voz ni a su presencia escénica. Cada movimiento desprendía el magnetismo de quien lleva más de tres décadas dominando los grandes escenarios del mundo.
El repertorio encontró un equilibrio perfecto entre las canciones de Blue Electric Light, su trabajo más reciente, y los himnos que lo han convertido en una referencia del rock contemporáneo. Temas como Fly Away, American Woman, It Ain’t Over ‘Til It’s Over o la explosiva Are You Gonna Go My Way fueron recibidos como auténticos himnos generacionales, coreados por miles de personas que transformaron la Plaza de España en un gigantesco coro al aire libre.
Uno de los momentos más inesperados llegó con la aparición del cantaor Israel Fernández, invitado por Kravitz para interpretar juntos The Chamber. La breve colaboración fusionó el rock con el flamenco en un guiño a la ciudad anfitriona que añadió un matiz especial a una noche ya de por sí memorable. Fue una apuesta arriesgada, pero celebrada por un público que supo reconocer el valor de un encuentro tan poco habitual.
Más allá del repertorio, el concierto destacó por el control absoluto del escenario que ejerce Kravitz. Recorrió cada rincón de la pasarela, saludó continuamente a los asistentes, se dirigió al público en español y convirtió cada pausa en una oportunidad para estrechar aún más el vínculo con Sevilla. Su actuación nunca cayó en la rutina; mantuvo un ritmo constante, alternando momentos de contundencia rockera con otros de mayor intimidad.
El desenlace fue tan simbólico como emocionante. Tras el último acorde de Let Love Rule, Kravitz se arrodilló frente al público en señal de agradecimiento antes de despedirse entre una ovación ensordecedora, consciente de haber firmado una de esas actuaciones que permanecen en la memoria colectiva del festival.
Icónica Santalucía Sevilla Fest suma así otra noche para el recuerdo en una edición que continúa consolidando a la Plaza de España como uno de los grandes templos de la música en directo del verano europeo. Y Lenny Kravitz, a sus 62 años, volvió a demostrar que el rock no entiende de edades cuando quien lo interpreta sigue poseyendo el carisma, la elegancia y la autenticidad de una auténtica leyenda.

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