La noche del 4 de octubre de 2025, Vanesa Martín volvió a demostrar que los conciertos no solo se escuchan: se viven, se sienten y se respiran. En su cita con el público, la artista malagueña ofreció un refugio sonoro y emocional, un espacio donde la vulnerabilidad y la fuerza compartieron el mismo compás.
Bajo el lema no escrito de “En casa mía solo hay emociones, cariño y sentimientos; los prejuicios y los jueces de la vida se quedan fuera”, Vanesa abrió las puertas de su universo interior, invitando a todos a despojarse del ruido exterior para habitar la música desde la verdad.
El repertorio fue un viaje íntimo y generoso por sus distintas etapas creativas. Desde la melancolía de “Hábito de ti” y la delicadeza de “De tus ojos”, hasta la complicidad palpable en “Besos y Descuidos”, la artista dibujó con su voz un mapa de emociones en el que cada canción era un punto de encuentro entre pasado y presente.
La intensidad de temas como “60 segundos”, “Objetos Perdidos” y “Complicidad” convivió con momentos de pureza acústica en “Tenemos Universo de Sobra” y “La piel / Frenar enero”, donde la cercanía se volvió tangible. El público acompañó con silencio, con aplausos, con respiraciones contenidas y corazones abiertos.
Uno de los instantes más memorables llegó con “Maldita mudanza”, interpretada por primera vez en directo. Una confesión nueva que se deslizó entre viejas cicatrices y nuevas esperanzas.
También destacó la aparición de Samuraï para cantar “Me Sucedes”, una fusión de generaciones unidas por la sensibilidad.
Vanesa no olvidó rendir homenaje a una de sus grandes influencias, Chavela Vargas, evocando su espíritu libre, su desgarro y su valentía. Entre acordes, la sombra luminosa de Chavela pareció pasearse por el escenario, recordando que cantar también es resistir, sanar y amar sin miedo.
El concierto alcanzó su clímax con clásicos imprescindibles como “90 minutos”, “No nos supimos querer”, “El nudo” y “Sin saber por qué”, antes de llegar al encore con “Aún no te has ido” y “Cómo te digo”, donde la emoción se desbordó definitivamente. Como guiño final, Vanesa sorprendió con una versión divertida y liberadora de “Wannabe” de las Spice Girls, en un remix que dejó al público eufórico, celebrando la vida y la complicidad.
Más que un concierto, lo de Vanesa Martín fue una experiencia de intimidad colectiva. Un refugio donde las emociones encuentran casa, donde la música se convierte en abrigo, y donde, como diría Chavela, “nadie tiene el derecho de llorar por lo que no se vive con el alma”.
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