Mucho a llovido desde que Eli Roth dirigió Hostel, una película de terror gore muy retorcida y polémica.
«Dulce sabor a muerte» es su ultimo film, donde un heladero ambulante convierte a los dulces niños de un pueblo, en asesinos.
Cine gore donde no falta la sangre y las vísceras, pero carente del humor negro muy característico de este genero. Le falta ritmo y un guion con más sustancia.
Las muertes del principio son muy divertidas pero terminan aburriendo un poco y pierden interés.
Lo mejor de la película, el final.
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