21 de noviembre de 2025

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ROXETTE REAPARECE TRAS DIEZ AÑOS CON UNA NUEVA INTÉRPRETE FEMENINA

@rt_raquel_photography

Fotografia: Raquel Bertran

ROXETTE – Sant Jordi Club, Barcelona (16/11/2025)

La banda sueca regresa a los escenarios diez años después de su última gira y con la presencia de la superestrella sueca Lena Philipsson, en sustitución de la fallecida Marie Friedriksson.

La noche del 16 de noviembre de 2025 en el Sant Jordi Club fue una de esas veladas que los fans de Roxette recordarán durante mucho tiempo. Después de casi una década alejados de los escenarios bajo el nombre clásico, Per Gessle regresó para revivir el espíritu del dúo sueco con una nueva etapa, acompañado por la carismática Lena Philipsson.

Lo hizo sin la icónica Marie Friedriksson, fallecida en 2019 a causa de un cáncer, pero con su legado muy presente. El otro 50% de la banda, Per Gessle, decidió retomar el proyecto de Roxette de la mano de la superestrella sueca Lena Philipsson, catapultada a la fama en 2006 por su participación en Eurovisión. El nuevo dúo devolvió a los escenarios el encanto atemporal de la música de Roxette.

La gira ‘Roxette In Concert’ celebra la historia y la magia del dúo con su banda original. Gessle y Philipsson van acompañados de los músicos Clarence Öfwermann y Jonas Isacsson, así como Christoffer Lundquist, Magnus Börjeson, Magnus “Norpan” Eriksson y Dea Norberg.

¡Empieza el espectáculo!

Las puertas se abrieron a las 19,30h, y ya desde antes de esa hora había expectación en el ambiente. Según fuentes asistenciales, algunos seguidores habían estado haciendo cola con horas de antelación, aunque la mayoría entró más tarde, con la emoción de una noche cargada de nostalgia. El Sant Jordi Club, con su atmósfera más íntima comparada con un gran estadio, ofrecía el escenario perfecto para un concierto lleno de recuerdos.

A las 21h, Roxette subió al escenario sin telonero, arrancando con energía pura. El sonido fue impecable, algo que muchos asistentes destacaron durante toda la noche: limpio, potente y muy bien afinado. Per Gessle saludó al público con su típica simpatía, bromeando sobre cómo la afición barcelonesa parecía especialmente efusiva para una noche de domingo.

La banda interpretó un repertorio muy completo, siguiendo un guion fiel al tour ‘Roxette in Concert’: Abrieron con ‘The Big L.’, seguido por ‘Sleeping in My Car’ y ‘Dressed for Success’, arrancando de inmediato los coros del público.

No faltaron momentos emotivos: ‘Fading Like a Flower (Every Time You Leave)’, ‘Vulnerable’ o ‘Milk and Toast and Honey’ crearon instantes más íntimos, donde la voz de Lena Philipsson brilló, demostrando su capacidad para honrar el legado de Marie Fredriksson sin imitarla directamente.

Clásicos como ‘It Must Have Been Love’ provocaron uno de los puntos más altos de la noche: el Sant Jordi se iluminó con móviles, la emoción se palpaba en el aire y muchos cantaron cada palabra con devoción.

También hubo guiños más movidos: ‘How Do You Do!’, ‘Dangerous’ e incluso ‘Joyride’, que cerró la parte principal del show con un subidón de energía contagiosa.

Uno de los momentos más simbólicos fue cuando Chris —miembro de la banda— tocó el ‘Cant del Barça’ como introducción a ‘Joyride’. El público coreó con entusiasmo, e incluso Christoffer se detuvo para dirigir la canción como si fuera un director invitado. Fue un gesto que conectó de forma muy directa con Barcelona y sus raíces.

Durante la presentación de los miembros, Per hizo elogios a cada uno, destacando la veteranía de Clarence Öfwerman, Jonas Isacsson y los demás, generando aplausos cálidos. Además, Magnus —según contó— llevaba un sombrero nuevo comprado en Barcelona, lo que arrancó risas y más aplausos de complicidad.

Después de una ovación y gritos de ‘¡Roxette, Roxette!’, volvieron para un bis que incluyó ‘Spending My Time’, ‘Listen to Your Heart’ y ‘The Look’. Estos temas funcionaron como broche emocional: la audiencia cantó abrazada a sus recuerdos, algunos con lágrimas, otros con sonrisas de pura nostalgia.

Para cerrar con broche de oro, interpretaron ‘Queen of Rain’, una balada menos física pero no por ello menos significativa, que dejó al público en un silencio reverente antes de despedirse definitivamente.

Más allá de la música, lo que quedó claro es que este regreso de Roxette no es simplemente una gira “revival”: es una celebración sincera de un legado. Lena Philipsson ha demostrado ser una vocalista respetuosa y potente, capaz de sostener grandes clásicos con autenticidad. Per Gessle, por su parte, dirige la banda con la pasión de quien ha visto crecer sus propias composiciones a lo largo de décadas.

La producción fue sobria pero efectiva: buenos arreglos, un sonido muy pulido y un escenario sin artificios excesivos, dejando que las canciones hablen por sí mismas. El público respondió con emoción genuina: entre aplausos, coros y vítores, demostró que Roxette sigue siendo relevante para muchos.

Un concierto para el recuerdo

En definitiva, el concierto en el Sant Jordi Club fue una noche mágica para los fans de Roxette. No solo por el valor sentimental, sino porque la banda ha sabido reinventarse sin traicionar su esencia. Fue una velada de nostalgias bien vividas, donde se combinó el pasado con el presente para ofrecer algo más que un repaso de hits: un verdadero homenaje al espíritu de Roxette.