La vida es una fiesta al ritmo del pop
La Casa Azul nació en 1997 de la imaginación creativa de su creador, como una entidad ficticia
cuya esencia se plasmaba en figuras dibujadas y desprovistas de cuerpo real. Hoy, podemos
considerarnos afortunados al ver cómo aquel sueño se ha convertido en una vibrante realidad.
Y así fue…
La Casa Azul irrumpió en el escenario de Porta Ferrada el 8 de agosto, decidida a desatar la fiesta
que todos los asistentes estaban esperando, superando todas las expectativas posibles.
El grupo
de pop electrónico, comandado por Guille Milkiway, arrancó la noche con La fiesta universal, un
tema que el público cantó con una energía desbordante. Cada estallido de la canción provocaba
una euforia colectiva, donde cada beat venía acompañado de confeti, purpurina y una sensación
de liberación total.
La banda catalana logró establecer una conexión constante con el público, que saltaba al
unísono con cada tema. La presencia de Guille Milkiway brilló con fuerza en Sant Feliu de Guíxols,
donde los asistentes disfrutaron de un espectáculo único, repleto de música y efectos visuales
que nunca dejan de sorprender.
Confeti, luces y fuego añadieron el toque de fantasía, transformando el Guíxols Arena en un
escenario mágico y vibrante.
En Porta Ferrada, sonaron tanto los clásicos de sus primeros álbumes, como Superguay, como
las nuevas canciones de Prometo no olvidar. El disco La gran esfera estuvo muy presente durante
toda la noche, con temas como El momento y Podría ser pitjor.
Uno de los momentos más
especiales llegó con ATARAXIA, la canción que Guille considera la más importante que ha escrito,
porque habla de cómo las personas que te importan te muestran que el mundo puede ser
mucho mejor de lo que pensabas. Y esa noche, muchas de esas personas estaban entre el
público.
Con Yo también llegó el único momento de calma, en el que Guille, solo en el escenario, dejó
que su voz y el piano cautivaran al público. A continuación, Vamos a olvidar dio paso a una
sorpresa: la madrileña Dianka se unió al grupo, sumando su voz al espectáculo. Un breve respiro
antes de la recta final.
La revolución sexual desató la euforia total, con el público cantando al
ritmo de la canción y llenando el cielo de Sant Feliu de Guíxols de linternas.
Finalmente, se despidieron con Nunca Nadie pudo volar, agradeciendo a un público entregado
que hizo de la noche algo inolvidable.
¡Gracias por compartir algo tan grande como LA MUSICA!
Redacción: Ben Marcus
Fotografía: Gloria Limontes

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