Honestidad Brutal
Pronunciar “Honestidad Brutal” entre los millones de fans que Andrés Calamaro tiene
alrededor del mundo, nunca cae en saco roto. Invita al debate y a la reflexión diría yo.
El pasado sábado 19 de julio, el músico de Buenos Aires brindó una actuación que fue la
ocasión perfecta para que sus miles de seguidores se reunieran en el prestigioso Festival
de Porta Ferrada, con motivo del 63o aniversario del evento.
Con más de cuarenta años en la carretera, el guion estaba más que claro, más que
previsible, y sobre todo porque el propio Andrés se encargó de explicarlo, “Honestidad
Brutal cumple 25 años y estamos aquí para recordarlo, para disfrutarlo, y de ahí el
nombre de la gira -Agenda 1999-.
Por supuesto esto no afectó para nada la puesta en escena y todo transcurrió con la
intensidad y solidez esperada, llevando a todos nosotros a un disfrute sublime.
Puntual como siempre, las primeras notas de “Output-Input” empezaban a sonar en
Sant Feliu de Guixols a la hora prevista, y después de un “buenas noches Gerona” se dio
por inaugurado el concierto.
“Sin documentos”, “Loco” o “Me arde”, se fueron enlazando como lo que son, cápsulas
del tiempo que, al sonar, logran transportarnos a momentos específicos de nuestras
vidas poniendo las cosas en su sitio.
Motivado por una ruptura sentimental y con una creatividad incontrolada, más de 100
canciones formaron la primera lista original de temas propuesta por el artista para
“Honestidad Brutal”. 37 de aquellas 100, fueron las seleccionadas para el lanzamiento
de esta obra maestra, y muchas de ellas, sonaron en Porta Ferrada ante la atenta mirada
de los asistentes, en la gran mayoría hispanoamericanos.
Los himnos del argentino (con algunos cambios de tonalidades incluidas) se iban
sucediendo al son al que se le antojaba mientras cambiaba su interpretación de la
guitarra a los teclados y viceversa,” Cuando te conocí”, “Para no olvidar”, “Te quiero”,
“A los ojos” y “Mujer Mundial”, fueron testigos de honor.
Entre canción y canción, Andrés tuvo muchas ganas de hablar y lo hizo recordando en
varias ocasiones a su gran amigo Dani Zamora, de Los Rodriguez, que nació y murió en
Palafrugell.
“Dani es parte fundamental de la historia de Los Rodríguez”
También mostró todo el orgullo que significa poder volver a pisar la tierra de sus
queridos Estopa haciendo mención especial al cierre de la popular disquería Revolver en
la calle Tallers de Barcelona.
Andrés nos recuerda lo importante que son las raíces y cómo, aunque el éxito
internacional haya llegado, siempre hay un lugar especial para el hogar y los amigos de
toda la vida.
El artista argentino estaba feliz, disfrutando y conectando con su público, con una
energía imposible de ocultar. Algo que Calamaro logra con naturalidad.
Seguían los éxitos del cantante y se fueron enlazando uno tras otro, “Las heridas”, “No
va más/Los aviones”, “Cuando no estás” y “Mi enfermedad” en la que propone una
reflexión sobre la aceptación de las imperfecciones y la fragilidad humana, mantenían al
público entusiasmado y disfrutando y completamente conectado.
El final del show se iba acercando.
“Tuyo siempre”, “Crímenes perfectos” y “Alta Suciedad” dieron paso, a las esperadas y
aclamadas “Flaca” y “Paloma, generando una atmósfera mágica llevando al público al
punto máximo de emoción.
Estas dos canciones pusieron fin al show por algunos minutos porque tras ser aclamado
bajo una lluvia de aplausos incesantes y gritos de “oe, oe, oe”, volvió de nuevo al
escenario para ofrecer, de manera inesperada una de las sorpresas de la noche.
Un guiño a «Los ejes de mi carreta» de Atahualpa Yupanqui, reclamando una actitud
con la que nos enfrentamos los obstáculos y contratiempos que surgen a lo largo del
camino dieron el paso a “Estadio Azteca” y “Los chicos”, que en 2007 dedicó a sus
amigos músicos ya fallecidos, haciendo un tributo a su propio camino y a las personas
que lo acompañaron en el proceso creativo y en la vida.
Con “El Salmón” el maestro de Buenos Aires se despedía… no podía faltar ese toque
único, la canción que representa una parte de su espíritu más rebelde y libre.
Mientras se despedía la banda, tras cerca de dos horas de actuación, en el escenario
sonaba un pasodoble acompañado por los “Olé” de los asistentes.
Andrés… cada vez más…Calamaro.
Gracias
Redacción :Ben Marcus.
Fotografía: Gloria Limontes

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